domingo, agosto 14, 2022
Políticos

SI LOS POLÍTICOS FUERAN ANIMALES.

Pasó desapercibida la que podría ser la noticia del año: la Academia de las Ciencias de la Universidad Nacional rindió homenaje al presidente Iván Duque bautizando una nueva especie de mariposa con su nombre y apellido. Habría podido ser una polilla, habría podido ser un chinche, si se quiere: una ladilla acaso. Pero —con buen tino— los científicos eligieron un animal hermoso, pero de vida efímera, como la misma obra de gobierno del prohombre que la inspiró.

Cuando la ministra de la Ciencia trajo a Palacio la noticia fabulosa, el presidente no la recibió de buena manera:

—¡Presidente! —le dijo, la voz jadeante por la dicha—. ¡Presidente, lo hemos logrado! Van a  bautizar una nueva especie de mariposa con su nombre.
—¿Me quieren comparar con un animal? —contestó de mala forma.
—Con una mariposa, presidente.
—¿Pero la mariposa no es acaso un insecto?
—Sí, presidente: pero, aunque sea de vida corta, es útil… Y tiene alas.
—Lo mismo se podría decir de una toalla higiénica.

El desconcierto presidencial se debía, inicialmente, a que, si bien la directriz a todos sus ministros era buscar los merecidos homenajes que el país debe rendir a su persona antes de terminar el mandato, en su cabeza cana gravitaban ideas de otra índole: inaugurar un puente que llevara su nombre, por ejemplo; recibir un doctorado honoris causa en Derecho; recibir al menos una camiseta del Liverpool con su apellido, ojalá firmada por Lucho Díaz. 

Pero ¿compararlo con un bicho? ¿No era él una especie en sí mismo? ¿Una especie de presidente, por lo menos?

Y, sin embargo, la sacó barata: los biólogos habrían podido descubrir una nueva especie no de mariposa, sino de hormiga culona. O un nuche. O una marranita, naturalmente. O una polilla, o incluso un grillo (o una grilla), o una babosa.

Pero las mariposas son seres de luz, como bien intercedió el ministro de Energía para salvar el homenaje. 

Qué semana. Todas los titulares de la prensa estuvieron allanados por comparaciones animales. Gustavo Petro recibió la adhesión de Dilian Francisca Toro. La doctora Toro, además, obligó a los militantes del petrismo a tragarse sapos de tamaños siderales. 

Algunos tuiteros y activistas que prometieron bajarse el salario como congresistas, acabaron haciendo conejo: qué oso. 

Y, por si faltaran noticias zoológicas, un lagarto bautizó con el nombre de Iván Duque a una mariposa y ahora en los artículos científicos costará trabajo diferenciar si el Iván Duque del que hablan es el animal…  o la mariposa. ¿Cuál de los dos tiene los receptores gustativos en las seis patas, acaso? ¿Quién pone sus huevos en las plantas, casi siempre de 1800 pesos la docena?  ¿Cuál es un notable capullo, cuál succiona el dulce néctar de las flores como si fuera mermelada?

La larva de la mariposa Iván Duque, como todas las de su especie, puede ingerir su propio peso en comida y liba los jugos de excrementos de mamíferos en búsqueda de minerales. Lo hace a través de una larga lengua que se enrolla como los fuelles del reloj: la espiritrompa. Larga o larguísima: en ese sentido habrían podido bautizar a la especie con el nombre de Marta Lucía Ramírez. Puede volar de ocho a veinte kilómetros por hora en viajes extensos y, sobre todo, frecuentes, para que su hermano acumule millas. (De hecho, la mariposa Duque se diferencia de las demás especies en que siempre vuela acompañada por su hermano).

Algunos contradictores afirmarán que bautizar a la estilizada mariposa como el rollizo presidente equivale a designar una nueva especie de ciempiés con el nombre de Antonio Navarro. Pero se equivocan: pocas parecidos existen con la morfología presidencial como la tierna y regordeta oruga. Y en un estadio anterior de su fantástica metamorfosis, la mariposa Iván Duque demostró que era una auténtica hija de pupa.

Como los mismos lepidópteros ante los rayos del sol, es posible que algunas preguntas salten a la luz: ¿sobrevivirá la mariposa Iván Duque al glifosato que promovía su tocayo? ¿Cuántas mariposas Iván Duque se protegerán gracias al acuerdo de Escazú, al que el Iván Duque Humano se oponía? Y sobre todo: ¿no podían haber elegido una especie un poco más colorida, semejante a la alegría misma del presidente inspirador, y no este espécimen marrón y oscuro como su gobierno?

Pero, como sea, el homenaje es digno de aplauso, al igual que el propio Duque. Y que todo su gobierno de emprendedores naranja. 

Ha nacido, pues, una nueva forma de rendir homenaje a nuestros dirigentes. A la Cruz de Boyacá, con la que esta semana el embajador Pinzón condecoró a Bill Clinton, Martuchis a Claudia Blum y el fiscal Barbosa se galardonó a sí mismo, se añade ahora el emotivo recurso de asignar nombres de figuras políticas a las especies animales que en adelante se vayan descubriendo. 

Especies animales, pero en concreto insectos. En el futuro podrán asignar el nombre del hermano de Petro a una nuevo tipo de alacrán; el de Alejandro Ordóñez a una mantis religiosa. Y, por el camino contrario, hallar una nueva especie de Roy Barreras y bautizarlo con el nombre de un camaleón, en honor al camaleón: todo esto mientras el presidente Duque desenrolla su magnífica espiritrompa para pronunciar sus últimos discursos y en cada uno de ellos sigue metiendo las patas: cualquiera de las seis.