viernes, mayo 10, 2024
Políticos

Se le dijo, pero no hizo caso

La caída en barrena del prestigio político del Presidente Duque es consecuencia de muchos errores. ¿Los corregirá?

El resultado de la encuestas estaba cantado porque los errores del Presidente y de su equipo gobernante fueron manifiestos, reiterados y ampliamente comentados. Pero en tres largos meses no se dieron por enterados en la Casa de Nariño. Seguramente pensaron que lo estaban haciendo bien y que las observaciones y críticas eran “calumnias de la oposición”. ¿Improvisación, novatada o falta absoluta de orientación y experiencia en el arte de gobernar? La contundencia de las cifras y la similitud de dos encuestas diferentes los tuvieron que sorprender y angustiar.

Se cometieron equivocaciones desde antes de comenzar a gobernar, siendo Presidente electo. Salir a defender al Presidente Uribe como si aún fuera un dirigente más del Centro Democrático, cuando esa tarea la hubieran podido hacer sus antiguos compañeros del Senado, cayó mal en la opinión pública pues lo vieron desubicado, sumiso e irrespetando la dignidad que ya ostentaba. No corregir pública y directamente al Ministro Botero, Designado de Defensa, cuando desconceptuó a los movimientos sociales, se vio como una falta de autoridad. No desautorizar al Presidente del Senado por su sectario y retador discurso en el acto de posesión presidencial lo mostró débil y ceñido a un criterio meramente partidista cuando acababa de asumir como Mandatario de todos los Colombianos.

Sus errores de comunicación especialmente en el exterior o en actos internos de exigente protocolo, como por ejemplo darle saludos de su jefe político al Sumo Pontífice, para que quedara gravado en las cámaras, o hacer piruetas con el balón en la cancha del Santiago Bernabeu, en acto propio de una campaña electoral, se vieron imprudentes y fuera de lugar. Las risas, cantos y manoseos publicitarios con los artistas cansaron a la gente.

Carrasquilla, que se queme.

La solidaridad con el Ministro Carrasquilla a raíz de las críticas y debates por su participación en el tema de “los bonos Carrasquilla” que tanto afectaron a Municipios pobres interesados en tener agua potable, fue un error notable porque la gente vio a una persona que había aprovechado su anterior paso por el gobierno para al salir hacer negocios en beneficio propio. Fue el momento de sacarlo sin estridencias del Ministerio, pues a esa hora ya debía saber el Presidente Duque del enorme desprestigio de su Ministro y suponer que era una torpeza mayor entregarle el manejo de la Reforma Tributaria. ¿Sería que no le contaron al Presidente lo que se estaba opinando del Ministro? ¿Será que el Mandatario, como su jefe político lo confesó cuando era Presidente, tampoco lee los periódicos ni escucha ni ve los noticieros informativos?

Debe cumplir lo que dijo en campaña sobre impuestos.

La Reforma sobre impuestos, desde su presentación, fue una equivocación supina, empezando por el engaño de su nombre con el que se trató de estafar a los colombianos, que por fortuna “ya no comen cuento”. Es una reforma tributaria para rebajarle impuesto a los más pudientes y gravar alevemente a los pobres y a la clase media. Pretender ponerle un IVA del 18% a la canasta básica familiar es todo un esperpento, una agresión, tan grave como el engaño de que le devolverían el dinero del impuesto a los contribuyentes pobres. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Y la clase media lesionada? Hay más cosas graves en esa Reforma que el gobierno va a tratar de meter a la fuerza con la complicidad de Congresistas a los que les van “a untar” las manos, situación que los ciudadanos y la prensa libre deben denunciar con vehemencia.

Tan malo y equivocado será este proyecto de impuestos, que el propio grupo del Centro Democrático manifestó públicamente su oposición. Pero también fue una equivocación este hecho político, porque siendo el partido del Presidente ha debido impedir que lo presentara al Congreso. Esa “movida” de los uribistas fue calificada como una lagarteada y un acto de deslealtad, que descalificó aún más al cuestionado Jefe del Estado.

Las protestas del sector de la educación pública superior le han causado enorme daño a la imagen presidencial. Es absurdo que la Ministra no haya aparecido para resolver este caso grave que en cualquier circunstancia y momento mueve la solidaridad nacional. Es la juventud protestando, reclamando, pidiendo ver a alguien del alto gobierno, mientras la Ministra (¿alguien sabrá cómo se llama?) recibe en los salones ministeriales solo a los Rectores, sus subordinados, y el Presidente le muestra los salones de Palacio a Maluma.

Las continuas manifestaciones de maestros, estudiantes, trabajadores, indígenas, partidos políticos y organizaciones sociales, más la Policía en la calle, gases lacrimógenos y destrozos en los almacenes y los medios de comunicación, dan una impresión general de caos y desgobierno. De ello y por ello es el Presidente el que paga el pato.

Duque ha cometido varias veces el error de decir en el exterior lo que no ha dicho en el país, o contradecir opiniones internas, especialmente en materia de paz. Todo el mundo “lo pesca”. Lo mismo que ocurre cuando Duque habla de las “bondades” de la reforma y las redes sociales sacan a montones todo lo que dijo en contra de las reformas tributarias del Gobierno Santos, especialmente del aumento del IVA.

A Duque se le ve sin carácter, sin capacidad para decidir, sin iniciativa propia, muy pendiente de las indicaciones y señales del Presidente Uribe, a quien la bancada de Centro Democrático en el Congreso Nacional si le hace caso. No a Iván Duque, lo que no puede seguir ocurriendo delante de un pueblo que desea ver al Presidente manejando el timón.

Los ministros son muy responsables.

De los Ministros poco se sabe. Salvo Trujillo, de Relaciones Exteriores, todos los demás se rajan. Es que nadie los conoce, como no se conoce a los Gerentes ni a los Embajadores. Muy buena es la renovación, pero con gente que sepa más allá de las tesis laureadas y de los líderes de salón. Los Ministros son agentes políticos, tienen que dar explicaciones, hacer pedagogía sobre los mandatos presidenciales, frentear a la oposición, ir al Congreso con autoridad, con la cabeza en alto, optimistas, convincentes, realizadores, para que no se sigan viendo como unos invitados de piedra, unos funcionarios regañados, dando traspiés, de un lado para otro, sin liderazgo, como se ha visto a la Ministra del Interior.

Lo bueno, lo malo y lo feo.

Lo bueno para el país y para el gobierno es que todo esto esté ocurriendo apenas a los tres meses de haber comenzado a gobernar. Se puede corregir, aún es dable cambiar muchas cosas, es posible y necesario “un golpe de timón” que corrija el rumbo, así tenga que cambiar gente y esquemas. Lo malo es que si las cosas van a seguir como hasta hoy, faltan 44 meses de gobierno. Sería una catástrofe.

Claro que el Presidente es un personaje correcto, pero para estar donde está no se requiere ser solo una buena persona, que lo es. Siempre se conoció a Iván Duque como a alguien jovial, como un profesional estudioso, un hombre de diálogo dispuesto a escuchar y a corregir errores. Pero si, como en secreto dicen algunos de sus asesores palaciegos, poco escucha y vive convencido de que los equivocados son todos los demás, está bastante desenfocado. Lo peor sería que esté cometiendo el pecado de soberbia. Dicen por ahí que “cuando Dios quiere perder a un hombre, lo hace soberbio”.       

 

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