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Internacional

La Sostenibilidad Ambiental es una función del desarrollo socioeconómico

Hacienda Caballo Bayo
Enero 2 de 2020

Documento Corto: La Sostenibilidad Ambiental es una función del desarrollo socioeconómico.

Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Parvo, quien crea que podemos lograr sostenibilidad ambiental en el corto plazo sin primero entender la relación que de manera acertada propone Duque desde la campaña: “Producir Conservando y Conservar Produciendo”.

Alcanzar niveles de desarrollo económico importantes acompañados de sostenibilidad ambiental solo puede ser el resultado del trabajo de transformación cultural, física y productiva consistente por varias décadas, apalancado en ciencia y tecnología.

Nuestro planeta es y será siempre una masa de energía naturalmente mutante. Mutaciones que, sin duda, en el último siglo, hemos acelerado los seres humanos con nuestro impacto sobre la naturaleza y el funcionamiento del planeta, que es a la vez negativo y positivo, a causa de un crecimiento poblacional desmedido y un desarrollo también exponencial de conocimiento, de las tecnologías y las comunicaciones. Mutaciones que hoy afectan los reinos vegetal y animal. Mutaciones que tarde o temprano afectarán al género humano y en las cuales se concentra con celeridad el inconmensurable avance que nuestra civilización experimenta en materia de transformaciones causadas por la ampliación de conocimiento, ciencia, tecnologías y comunicaciones.

Sí, es cierto. Gracias al avance de la ciencia, sabemos que el cambio climático es una realidad, las temperaturas suben al igual que los niveles de los océanos, aumentan los deshielos que conoció el planeta hace millones de años, los veranos y los inviernos son más crudos en las zonas meridionales, hay escasez de agua en varias regiones del planeta, muchos ríos pierden caudal, hay lagos que se secan, los sistemas de la naturaleza se han visto alterados por la interferencia del hombre y hay una merma en los recursos naturales no renovables, lo cual nos obliga a mirar con otros ojos y con premura, el desarrollo de nuevas técnicas de extracción y el avance de las energías limpias y renovables. Hay, sin duda, una competencia por tierras productivas entre la agricultura, la generación energética y el desarrollo urbano. La población rural disminuye, necesitamos preservar la selva tropical húmeda y seca y la selva en la cual viven millones de especies, y necesitamos encontrar la manera de mejorar las reglas de la sociedad que hoy habita una gran selva de cemento difícil de comprender.

El problema del efecto invernadero y de la tala y los incendios forestales es grave, pero debería ser mitigable; la tierra fértil sufre de erosión, algo que también podría ser solucionado y que técnicas como la siembra directa vienen amortiguando; los mares cuentan con menor pesca disponible, la formación de hielos merma, los desiertos avanzan anualmente, etc., etc., etc.

Hay especies animales y vegetales que mutan y otras que desaparecen. Siempre ha ocurrido. Y en medio de todo esto, nosotros los seres humanos, por primera vez, gracias a la convergencia tecnológica y a la ingeniería genética poseemos los conocimientos y las técnicas necesarias para alterar la genética e incluso para producir nuevas especies, mezclando con ingeniería minerales y nuevos materiales en conjunciones inéditas con los reinos animal y vegetal.

La principal causa de todos estos problemas es, sin duda alguna, la raza humana y su crecimiento exponencial similar al de una colonia de hormigas en un pequeño terreno.

La población mundial pasó de 1.000 millones en 1800 a 2.000 millones en 1930, 3.000 millones en 1960, 4.000 millones en 1974, 5.000 millones en 1987. Seremos 8.000 millones en 2023 y el estimado es que esa vertiginosa tasa de crecimiento se empieza a menguar, pero seremos casi 10.000 millones de terrícolas en el año 2050.

Observemos que esta inmensa población humana que habita este mundo se caracteriza, más que por sus diferencias raciales, por sus creencias espirituales, las cuales marcan su cultura, su forma de comprender la vida y también su comportamiento sociopolítico y socioeconómico.

Hoy, el 31% de la población mundial es cristiana y está localizada en las Américas, el sur de África y Europa; el 23% es musulmán y vive en el norte del África y todo el cercano y mediano oriente, incluidas las islas del sureste asiático. El 16% de las personas no profesan ninguna religión, el 15% es hindú y el 7%, budista. Siendo las áreas de mayor concentración poblacional China e India.

‌Crece la indigencia en paralelo con los totalitarismos comunistas, las amenazas de salud pública cada vez son mayores y, a la vez, aumenta considerablemente la expectativa de vida.

Llegan los antibióticos sintéticos a salvar más vidas, se crean órganos en laboratorios como si fueran repuestos y, a la vez, hay una relación directa entre el terrorismo y los Estados fallidos, vemos más divisiones sociales en un mundo globalizado y mucho más informado.

Estas vicisitudes y divisiones provienen de la dificultad de entendimiento entre culturas diversas, de la inconformidad local y global con la conducción política e institucional, de las falencias de ingreso mínimo y de las diferencias que siempre existirán en la medida en que existen grandes brechas intelectuales, de la mala calidad de la información noticiosa, y de las diferencias en la capacidad de acceder al conocimiento.

Después de todo este análisis, lo importante es que seamos conscientes de que, por mucho que contribuyamos y nos esforcemos, buena parte de estos problemas no los podemos solucionar ni en el corto plazo, ni a las malas, ni en una nación que apenas cuenta con 50 millones de personas dentro de una población total de 7,5 billones de seres humanos.

Para vivir en sociedad, necesitamos reglas. El liderazgo, en general, tristemente está desconectado y se quedó en lo políticamente correcto sin atreverse a avanzar a la par de la ciencia y la tecnología. Los gobiernos, en lugar de facilitar la actividad privada a base de nuevos conceptos y herramientas, conviven con la corrupción y se convirtieron en una fuerza prohibicionista.

Pareciera, pues, que en las naciones democráticas en vía de desarrollo, muchas veces, las cosas solo funcionasen cuando hay exposición mediática o plata de por medio.

En general, siempre hay tres formas de ver los problemas, sean ellos globales o locales: a corto, mediano y largo plazo. Y hay que hacer bien clara la diferencia o se peca por ignorancia.

En la actualidad, los políticos y todas las personas que manejan y aparecen en los medios hablan de cuidar el medio ambiente, la mayoría de las veces de manera ignorante y con el único propósito de oponerse a todo lo que representan las necesarias obras, construcciones, exploraciones, exportaciones o transformaciones y procesos industriales, de generación energética y de recursos sin los cuales no podríamos vivir como vivimos ni progresar como civilización, de la forma en que lo hemos hecho en el último siglo.

Aparte de las diferencias en las formas de gobierno entre el Asia y Occidente, exceptuando las naciones desarrolladas, las demás luchan culturalmente por desarrollarse o están sumidas por los totalitarismos y la pobreza. Son países que tienen la aspiración y el derecho de emprender el camino del desarrollo cultural y socioeconómico, lo cual necesariamente representa asumir un costo ambiental, costo que puede ser mitigable si se comprende el concepto de Desarrollo con “Ambientalismo en positivo”.

Esto, en el caso colombiano, se puede traducir en:
1. Comprender el poder del concepto de mitigación ambiental acompañado de una sana cultura productiva y no simplemente oponerse a todo lo que implique un impacto ambiental.

2. Es obligación mejorar el manejo de las aguas en un país donde es un recurso tan abundante que no se administra eficientemente. Se requiere una entidad que ayude a que manejemos mejor las aguas. No es un tema prohibitivo, es un tema de utilización adecuada de las mismas. El agua es nuestra mayor riqueza, es nuestra vida y nuestra energía.

3. Crear la cultura de la siembra de árboles de reforestación y forestación, de creación y manejo de forestas.

4. El país y todas sus entidades territoriales y nacionales deben dedicar una parte de sus ingresos a la siembra de árboles, a que se refuerce las cuencas hídricas. Debe ser política de Estado que se persiga la minería ilegal, hoy monopolio del ELN, y se facilite la minería legal técnicamente desarrollada y con compromisos de mitigación y mejora ambiental y humana.

5. Las entidades ambientales, más que obstaculizar el desarrollo, cuando se tenga que afectar alguna especie, deben se buscar adónde trasladarla y multiplicarla en cantidades y de forma que no rompan los equilibrios de la naturaleza.

6. Realizar la extracción de líquidos, gases y minerales del subsuelo de manera responsable, pero sin prohibirla. Esto es: garantizando que los recursos que generen nos permitan desarrollar el capital humano y la infraestructura que nos lleve a mejorar el hermoso país que tenemos lleno de naturaleza tropical en una geografía única donde podamos, en el mediano plazo, desarrollar todo tipo de servicios turísticos, ambientalismo positivo y biodiversidad.

7. Que entendamos que la siembra de coca, la producción de cocaína y el narcotráfico son los peores depredadores del medio ambiente en este pulmón de la humanidad que se llama Colombia, y que hay que combatir y erradicar estos problemas que son a la selva tropical húmeda y a la agricultura lícita como la maleza al terreno productivo. Debemos no solo fumigar sino dejar que la selva tropical húmeda se regenere sola sin interferencia alguna del ser humano.

Colombia, más que ningún otro país, cuenta hoy con un líder que comprende esta difícil dicotomía y que ha invitado a nuestra sociedad a profundizar en el acertado concepto de “Producir Conservando y Conservar Produciendo”.

Dejemos ya de malversar el concepto del ambientalismo positivo para realizar oposición política populista o para ganar aplausos con furtivos espacios mediáticos desde micrófonos, tarimas o seminarios.

Tengamos el carácter suficiente para entender que no es posible vivir todos como los Amish. Que la naturaleza nos dio un subsuelo lleno de riquezas minerales que debemos explotar técnicamente con gran responsabilidad social y ambiental, que las comodidades que nos brinda el modernismo de la era de las comunicaciones demanda la responsabilidad de generar desarrollo económico, social y cultural, la energía y la infraestructura que nos permita en el mediano plazo invertir en conservar mitigando, reforestando, fertilizando y embelleciendo más nuestro suelo.

Fin.

Fuentes:
Indignacción. Iván Duque M. 2017. //
Plan B 2.0 Rescuing a Planet Under Stress and a Civilization in Trouble. Lester R. Brown. 2006 www.earth-policy.org // https://www.worldometers.info/world-population/