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Revanchismo, traición y oportunismo

La posesión de Iván Duque como nuevo presidente deja muchas preguntas sobre la forma cómo gobernará estos próximos 4 años y la forma como lo hará también su partido el Centro Democrático (CD).

El expresidente Uribe y su bancada dejó en tela juicio dos principios que Duque quería promover y que podríamos decir que están conectadas: 1. No tener espejo retrovisor, y 2. Apostarle a un pacto por Colombia que busque la unidad.

Tres momentos fueron fundamentales: La publicidad pagada por el CD contra el gobierno Santos durante esos días, los discursos de la posesión presidencial, y la grabación al momento después de esos discursos en una conversación de Uribe con algunos miembros de su bancada y amigos.

La publicidad es un anuncio de lo que se esperaba del discurso del presidente del Senado Ernesto Macías, un discurso lleno de recriminación al gobierno anterior, inexacto, pero sobre todo, una revancha por todo los puntos que ese partido como oposición tenía en el tintero a Santos.

Es válido que el CD tenga una visión de país contraria al gobierno al que se opuso tan fervientemente, lo increíble es que el presidente que ahora es de su partido hable de girar la página, mientras el presidente del congreso haga semejante memorial de agravios, ¿Era necesario hacerlo frente a todas las delegaciones internacionales y como primer acto de ese partido como oficialismo?

El presidente intentó concentrarse en su visión de país, en no poner más fuego a las llamas de una rivalidad de la que muchos colombianos estamos cansados, pero con un partido que no parece reconocer nada positivo de sus antiguos contradictores, le quedará muy difícil. Duque tendrá que organizar la casa primero, aunque la consulta anticorrupción posiblemente terminará siendo la manzana de la discordia.

El famoso pacto por Colombia se enfrenta a un hecho fundamental en política, el elemento básico de todo acuerdo y/o unidad, es mantener la palabra empeñada, y sea que nos guste o no la consulta anticorrupción, el CD en cabeza del expresidente Uribe va camino a romper esa regla, una traición a lo que ellos mismos predican en el congreso en plena campaña presidencial.

La traición

Traición, es decir en plenaria del Senado que las medidas de la consulta anticorrupción son válidas, y deben ser votadas e ir a las urnas, permitir semejante gasto en temas electorales, para luego tener una salida olímpica al estilo de los últimos gobiernos, radicando a través de leyes esas medidas. Oportunismo: la consulta era efectista en el congreso, no en los puestos de votación.

La jugada es perfecta, dejar al presidente Duque que convoque a los ciudadanos a las urnas, mostrando que sí es su intención cumplir con la realización de la consulta, pero al mismo tiempo decir en los medios que ahora, de la noche a la mañana, prefieren hacerlo a través de leyes.

El error es doble, primero, porque ponen en aprietos cualquier tipo de consenso con la oposición, y otros miembros de las bancadas, generando una desconfianza natural para futuros posibles acuerdos, y creando una rivalidad aún más profunda, desaprovechando la oportunidad que se abrió de posesionar a un nuevo presidente para realmente cambiar los escenarios que promueven esa división.

Y segundo, dejarle toda la carga de la consulta anticorrupción a la oposición, Petro, J. Robledo, Cepeda, y las promotoras verdes (Angélica y Claudia), verán como el 26 de agosto era mayoría parlamentaria que permitió la consulta, gira la cara mientras se hunde en el abstencionismo.

Paloma Valencia parecía dar la descripción perfecta en el video filtrado por Noticias Uno: “como dice la vicepresidenta, una cosa es el gobierno y otra cosa es el Centro Democrático”. ¿Así jugará el uribismo los próximos cuatro años?

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